lunes, mayo 05, 2008

Quinto's Tour Valencia '08 o "Cómo hacer las cosas mal"

Especial dedicación a María, a quien jodimos el fin de semana, porque nosotros somos muy hacer esas cosas.

Gabi por GTalk el miércoles 30 de abril de 2008: -Mañana te veo en la estación a las 9 para coger el bus de las 9,30 a Valencia, los dos con un resacón del quince-
Mal comienzo.
Por supuesto no conseguimos billetes para la hora señalada y tuvimos que conformarnos con las 11 (gracias Jac por sacarlos, angel de la guarda de los gambiteros que estás en los cielos).
Seguimos en racha.
Yo, por vicisitudes injustificables, falté a mi palabra y acudí a la cita en razonable estado de salud.
Gabi sí cumplió. En la mejor tradición fiestera el interfecto apareció de milagro (se levantó 25 minutos antes de que saliese su autobús a Madrid), a las 10.30 en ese lugar paradigma de la sordidez que es la estación de Méndez Álvaro, con la misma ropa y lentillas que llevaba portando 24 horas seguidas. Esto es: hecho un asco. Y es que no hay nada mejor que dar pena.
Al grito de ¡Allá vamos Copóóóón! emprendimos la peregrinación del gambiteo. Tras 6 luengas horas de viaje, sí amigos, los atascos también afectan a la gente regulera, aterrizamos en esa tierra de calores, arroz y nanos.
Atrás dejábamos un autobusero dicharachero y una luna grasienta, por delante teníamos el horror, el horror... Al horror lo llamamos Rubén aunque en esta historia tomará uno de sus alteregos: The Face of the Seal (al que me venga con correcciones en materia idiomática le mando al autor a que lo mate). Pues bien, tras aterrizar en la avinguda del port ounacosasí... y meternos una pantagruélica comida, de esas que duelen (no es broma, me dolió), TFS y servidor decidimos (vale, fue cosa suya, pero es que mi abulia es proverbial) echarnos a la calle, o lo que es lo mismo, a los bares. 5 birras, parada y fonda y con el cuatro inicial estrenamos noche. Guiados por el inefable alcanzamos uno de esos antros que tanto nos gustan, de los que están a tomar por culo y tienen estatuas de cartón piedra de indios en la puerta y patio con parrita (furthermore, gobernado por un tipo llamado El Pecas).
Sangre, sudor y mierda los 3 Golden Bachelors cabalgan.
-¡Dindondindondindon, arriba homosexuales, hoy es el día!- con semejante o similar proclama nos despertó TFS el viernes. ¿qué coño de día? se preguntará usted, único lector de esta tontada. Pues el día de soplarnos 100 quintos de cerveza en 24 horas. ¿Entre los 3GB? replicará turbado, no pápa, cada uno. ........... ¿Pero por qué hacéis estas cosas? yo contesto:¿y por qué no? that's it!, parafraseando a nosequién: es como la luna llena y las mareas, inevitable. No obstante, al césar lo que es del césar y a TFS lo que es suyo: estas pésimas y fantásticas ideas. Sordidez en estado puro señores. Tras sesudas diatribas en las que se pergeñaban sistemas de ecuaciones donde la incógnita del poder enjarrillador de la cerveza no era ni tan siquiera contemplado decidimos emprender el desafío. Servidor dibujose 300 casillas en 3 camisetas mientras iban cayendo los primeros botes (3 botes = 5 quintos = 5 casillas). Finiquitado el atuendo pasamos al primer y penúltimo bar donde abrazos y más vergonzantes muestras de afecto, que harían palidecer ciertas celebraciones futbolísticas de dudosa hombría, entre los miembros del equipo evidenciaban el ascendente nivel etílico.
Lo siguiente es una habitación a oscuras con el Gabilán Pollero a mi diestra susurrando -ayer la lié, ayer la lié-. ¿Y entre medias?: Flashes, balbuceos inconexos, un sosias de Antonio Gala besuqueándose con mi compañero de catre y dos guiris cuya risa inicial sospecho terminó en mueca desencajada al más puro estilo Ortega Cano (sometimes causamos ese efecto: simpáticos bufones diyievolucionan en sórdidos putarrones). What a huge hangover rediós! fantástica, maravillosa, espléndida, de auténticos pros. -¡2 horas para cerrar puercos!, ¡arriba! ¡estamos perdiendo tiempo y dinero!-, buena arenga TFS. Never ever sobre la faz de la tierra alguien acumuló tanto malestar en un sólo cuerpo como nosotros esa mañana de mayo. Pero nada de esto lo hacemos por gusto y nadie dijo que fuera fácil. -tres quintos jefe- esas malditas palabras aún me provocan despertares a media noche envuelto en sudores fríos. Acompañados de un pincho de tortilla dividido a la manera de los Umpa Lumpa nos apretamos los últimos botellines de la primera y más lamentable edición de Quintos Tour celebrada hasta la fecha, pero no teman, siempre podemos hacerlo peor, y si no al tiempo. Peor que el sprint final fue cruzar la línea de meta. -¿y ahora qué hacemos?, habrá que comer o algo ¿no?-. Hasta las patas de almejas con nombres extraños regadas con ¿agua? amosaaaaanda, ¡cerveza ofcors!, cerveza que en parte y gracias a mí terminó sobre los pantaloncicos grises de María (seguimos jodiendo a la pobre muchacha) con los que a continuación tenía que ir a trabajar. El incidente sirvió de acicate para sacar al caballero andante que GP lleva en las profundidades de su patata, quien faroleó galantemente -¡yo te acompaño a casa y te llevo al curro en el coche!- Gabi no que vas pedo -¡dejadme en paz, yo puedo, yo puedo!-.
No pudo.
La triste figura de nuestro camarada intentando arrancar un twingo con las llaves de un portal es algo impaghable que por desgracia para usté, solitario lector, sólo permanecerá en nuestras retinas. Tras una breve discusión sobre qué piloto podría sufrir peores consecuencias en caso de detención policial, maese GP tomó por fin los mandos de la bala roja. Instantes después y tras un viaje alucinante, cual payasos de la tele aterrizábamos en el centro de Valencia ofreciendo lo peor de cada casa: bravuconadas y compadreo de garrafón ante la estulta mirada de una señora dependienta que atendía al nombre de Montse, de Palencia. -¡Monse mujerooooon sal que te vean estoooos!- bonita tonada la de TFS. En ese momento no se sabe qué deidad del gambiteo entró en nosotros y abortó la que podría haber sido la sucesión de momentos lamentables más grande que las tierras nanas hayan visto.
Quizá fue el ardor trepador que amenazaba con provocarnos una combustión espontánea o tal vez un súbito, simultáneo e improbable arrebato de cordura, el caso es que a partir de ese momento nuestro comportamiento se encarriló dentro de lo que el común de los mortales llamaría "de personas normales".
Y porque eso ya no reviste interés alguno y porque este post empieza a cobrar longitud testamental le pongo puntopelota.



He aquí el testimonio gráfico que más se aproxima a la distorsionada percepeción de la realidad de aquellos reguleros días.

lunes, abril 21, 2008

Batallitas de fin de semana vol.6 o Sordas, sordas, cabrón!!!

Sí, así, como suena, sin más. De esta sucinta forma fuimos interpelados por un tipejo mitad Manuel Campo Vidal mitad Ron Jeremy (¿la estrella del porno? - os preguntaréis. Efectivamente). Pero además nos lo espetó así, a bocajarro, como con mala hostia, como diciendo: "La próxima que no sea sorda os meto una hostieja", mientras mostraba con el ejemplo cómo cojones se hacían las sordas, a la ortodoxa manera, como Dios manda.

Así se alcanzó el culmen del regulerismo y la bizarría, así nos vimos embargados, embriagados diría yo (aunque puede que pedir mojitos y cañas "de a la vez" también tuviera algo que ver), por la vicisitud de dicho momento. A partir de ese instante esa gloriosa frase, que pedía marmol a gritos, se convertiría en nuestro atávico grito de guerra (y variaciones etílicas de la misma, que lo mismo nos daba cambiar el orden de las palabras como inventarnos lo que buenamente nos viniera en gana o balbucear cualquier incoherencia) junto al siempre insuficientemente utilizado: "¿Polla o móvil?", que hay que decir que hizo las delicias del personal.

Pero ustedes, ínclitos lectores, se preguntarán elocuentemente: ¿ein?. ¡¡¡Y a mí qué cojones me importa lo que se pregunten ustedes!!! Lo voy a contar como me plazca... y punto!!!

Retomando el hilo, y por dar cierta coherencia a esta entrada, empezaré por el principio. Estaba el viernes pasado en el curro esperando una "importantísima" llamada (lo que me llevó toda la jornada laboral para no llegar siquiera a recibirla, llamada que por cierto sigo esperando) y pensando en qué huevos hacer el fin de semana cuando de pronto caí en que nunca está de más hacer una visita a Madrid, probablemente la capital de la sordidez de este país. Así que una vez decidido el plan sólo faltaba ponerlo en marcha. De inmediato caí en que Dani iba a recoger ese mismo día su caprichito y le propuse hacer una escapada rápida y de paso lo probábamos. Dicho y hecho, ya estábamos en marcha, todo iba sobre ruedas, y de repente... se enciende un testigo del coche!!! Imagináos, Dani que llevaba varias semanas con el culo hecho gaseosa con el coche nuevo y el día que se lo dan empiezan los problemas. Si es que cuando no va redondo no va redondo y no hay nada que hacer.

Pero continuando, y como dicen aquí: "La capital de España no sólo es la ciudad más emblemática de nuestra Patria, faro y guía de Occidente, puntal de la civilización, estandarte del Dios verdadero y bandera del buen comer, hasta reventar, y el buen beber, hasta potar, Madrid es también un lugar donde la gente habla bien. Lo hacen en castellano, perfectamente comprensible, como debería hacer todo el mundo. Es un idioma donde la p con la a es pa. Ni pei ni pua ni po. Pa, lo que pone, hostias. Se habla como se escribe. Es un idioma honesto. Tu escuchas a un sucio francés leer en su lengua y eso no se parece ni por los cojones a lo que está escrito.[...] Asimismo, también es una ciudad en cuyo monumento a los caídos por la Patria se reunen habitualmente homosexuales en busca de sexo con desconocidos. Véase tamaño monumento a la camaradería, un cofre con restos de muertos en todas las guerras, una llama perenne, y grupitos de varones comiéndose las pollas entre los setos. Madrid es Madrid, y en Madrid sucedió esto."

Pues sí, en Madrid sucedió esto. Lo que iba a ser una regulera escapada más de ir y volver al día siguiente con un buen clavo se convirtió en una cosa inenarrable, cuyo solo recuerdo me llena de regocijo y espanto a partes iguales. Pero al turrón que no me pagan por palabra. Todo discurría por los cauces a los que estamos acostumbrados, tomando algo en casa de Bufón que para no variar estaba llena de gente, por no decir elementos. Empezando por el gran Tornillo homosexual, el onvre viejuno, pantaloncitos, la tetas, Muvi, etc; una amalgama de personas que de sólo verlas te maldecías porque se hubiera acabado ya el vino (sí, me dediqué a beber vino en un botellón ¿y qué?).

Sigamos si les parece. Ante la adversidad que se nos avecinaba decidimos salir de allí tan rápido como pudimos en vista de que se aproximaba el cierre del metro. Así nos dirigimos una vez más a La Latina en busca de nuestra madrileña dosis de morangoskas y mojitos. Transcurría tranquilamente la noche sin que nada hiciese presagiar el desenlace que nos deparaba el destino, sin tan siquiera encontrarnos, como en otras ocasiones, con Benito y Paco el Brasas. Ni siquiera un furtivo y sórdido encuentro en el baño con... Fran Perea!!! (true story que tal vez un día vea la luz; tampoco penséis mal que nos conocemos...). Pues como decía, todo marchaba reguleramente, como a nosotros nos gusta, pidiendo mojitos y cañas a la vez por no se sabe muy bien la razón, hasta que Juan decidió llevar a cabo su amenaza. Hacía días que me había prometido llevarme a un sitio de una sordidez tal que nunca antes habría yo conocido la próxima vez que fuese a Madrid. Ingenuo de mí no le creí y ahí mi fatal error.

De tal forma llegamos al antro conocido como La Noche. Allí había de todo, un percal que no puedo alcanzar a describir (espero que Dani o Juan sean capaz de hacerlo en los comentarios). Total que pedimos una copa (8 euros de ala que juro por lo que sea que no es dinero por estar allí, el doble habría dado yo) y empezó el espectáculo, el nuestro y el de verdad. Primero el nuestro, yo tirando la copa entera, Dani doblando y quedándose dormido ante nuestro descojone, etc... En este punto cabe decir que aunque iba llegando más y más gente al local nosotros seguiamos siendo los tipos más atractivos de lejos del lugar, que aunque no estemos nada mal da una idea del tipo de clientela que frecuenta el bar. Pues como iba diciendo resulta que el sitio es un local de espectáculos, con actuaciones en directo de bedettes y grupos casposos y sórdidos. Y en estas que aparece Azabache, un grupo flamenco de cuatro componentes: la vieja cantante, la bailarina forrondosca (a la izquierda de la foto), el bailarín feo, calvo y vestido de camarero (a la derecha, si es que los años no perdonan), y el guitarrista con peluquín y camisa abierta. Y allá salieron, lanzándose, sin pensarlo, embargados por la pasión, sabe Dios a dónde, pero siguiendo los dictados de su corazón, que es lo importante. Este hecho sirvió de catarsis a Dani, dormido hasta el momento de su irrupción en escena. Había que vernos, los tres aplaudiendo a rabiar hasta dolernos las manos. En un momento dado Dani dedicó un sonoro silbido a modo de ovación. Esto provocó la reacción inmediata de la cantante quién recriminándole la conducta le preguntón: "¿pero eso es bueno o malo, mi alma?". A lo que sin dudarlo un momento respondió: "Bueno, bueno!!!" - lanzándole besos sin cesar. Pero intentemos que estos personajes que acaban de aparecer en nuestra mente desaparezcan de ella –más que nada porque es imposible escribir carcajeándose a la vez.

En esto que entre pase y pase del espectáculo sucedió el grandioso hecho relatado en el primer párrafo de la entrada que hizo que todo mereciese la pena. El tío al ver el cachondeo generalizado después de un breve momento de desconcierto por nuestra parte optó por marcharse no le fuesen a caer encima un par de buenas tollinas. En estas llegó un momento en que me fui a disfrutar de mi segunda copa (otros 8 euros pagados con gusto) a mi asiento y la tía más cachonda del bar se sentó a mi lado. No pudo ser casualidad. Esa chica quería algo. Además fui animado por los dos energúmenos que me acompañaban a poner en práctica el manual de perfecto cabrón. No sé si porque yo no soy así o porque en estos momentos me hallo inmerso en un repentino encoñe y, qué demonios, tampoco podía ser de otra forma, no hice nada de nada. Sin embargo Juan tuvo a bien relatar a sus compañeros de piso que me la acabé tirando en el baño de semajante antro. De nada sirvieron mis tímidas protestas negando la mayor (mucho esfuerzo tampoco hice).

Total, que por fin nos fuimos a casa haciendo chascarrillos sobre los acontecimientos hasta que tuvo lugar una esperpéntica discusión entre Dani y Juan sobre el medio de locomoción a usar para volver a casa. Que si andando llegamos antes, que si yo no doy un paso más ahí me muera, todo esto mientras un amable empleado de la limpieza nos regaba generosamente con su manguera (la manguera por supuesto es literal, no se vayan ustedes a creer). Finalmente cogimos el bus y nos fuimos a dormir los tres en una habitación minúscula lo que me hizo pensar en los ronquidos de Dani, gloria bendita, y los más que probables: "¿pero Dani por Dios, no podrás parar?", mientras se llevaba unas cuantas patadas.

Al día siguiente nos levantamos y como no podía ser de otra forma fuimos enfrente del lugar en el que mataron a Carrero Blanco, al bufet libre a ponernos hasta el ojallo. ¿Aprecian ustedes el simbolismo? Por último cogimos el coche para volvernos (que no olvidemos que seguía sin ir redondo) y nos volvimos para pucela. Pero, como no podía ser menos y la aventura no podía acabar así, nos paró la Guardia Civil a hacernos un control "rutinario" de armas y drogas. Yo no sé lo rutinario del asunto pero me tocaron lo que no me habían tocado toda la noche anterior.

P.S.: Perdón por el tostón, pero uno se está tanto tiempo sin contar nada que luego no puede parar. ¿Quiero esto decir que vamos a volver por nuestros fueros? Pues si nos siguen pasando estas cosas la respuesta es un rotundo y sonoro SI.

lunes, marzo 03, 2008

Recovering...

Lamentablemente desde que terminó el verano, visicitud que por si no bastase en sí misma tiene la nefasta costumbre de coincidir con el inicio del curso académico y/o la reincorporación al tajo, no se ha registrado actividad posteadora alguna en este nuestro querido rincón de la infamia festiva. Sin embargo, la avalancha de acontecimientos lamentables no ha cesado así que espero poder rendir cuentas, aunque sólo sea parcialmente, con nuestros dos o tres lectores en esta reentré de entretiempo.

Como es de todos sabido, el objeto final de los años reguleros es dejar testimonio escrito de aquellas hazañas dignas de chanza y burla que, para disfrute de según qué público, quienes escriben y sus adláteres padecen en sus salidas fiesteras, antaño findesemaniles y cada vez más consuetudinarias. Dicho esto procedo a elaborar un índice con las correrías más significativas y risibles de los últimos seis meses, relación que puede y de hecho tiene la vocación de ser editada por los lectores y escritores que crean que su reputación queda en entredicho en los relatos que de ella se puedan derivar o que no se consideren suficientemente vilipendiados con dicho material y deseen más azotes.

03 - La trinidad regulera (Madrid Sórdida vol.01)

04 - Pares o nones (Madrid Sórdida vol. 02)

05 - No habrá amanecer para los hombres (Lisboa ‘07)

06 - Nochevieja Paradisiaca

07 - Mighty Max todo lo puede (Madrid Sórdida vol.02)

08 - Yo a tí te conozco (Madrid Sórdida vol. 03)

09 - El cabreo como arma de diversión masiva (Madrid Sórdida vol. 04)

10 - Suiza bizarra (Helvestia ’08)

11 - Tres cabalgan de nuevo (Madrid Sórdida vol.05 y más)

sábado, septiembre 29, 2007

Maximus reguleris

Estoy más que sorprendido y, no lo negaré, enormemente complacido ante la reciente afirmación de Juan (el insigne, malogrado y nunca suficientemente denostado, vilipendiado, a la vez que reconocido y aclamado Recluta Bufón, siempre rodeado de las atávicas contradicciones inherentes a todo buen regulero. Porque Juan es todas estas cosas y muchas más).

Asumiendo como cierta esta constatación Ustedes se hallan ante el máximo representante del “regulerismo”, proveniente del latín “maximus reguleris” (sí, no se hagan los tontos ni los sorprendidos, que ya saben que soy yo, mal que les pese), ayer estudiante formal, hoy decadente regulero, mañana quién sabe... De esta forma, quizá debiera ser considerado imprescindible mi concurso en el Movimiento Regulero (a partir de ahora MR) como única forma de que, teniéndome en su seno, éste alcanzara siquiera una mínima legitimación ética. Si es así, Ustedes tienen una deuda conmigo y con mi proverbial capacidad de sacrificio. Por lo tanto, empiecen ahora mismo a loar superlativamente la figura del Amado Líder (LAR humor fácil).

Por tanto, como fundamental representante del MR, les voy a relatar una historia tragicómica, esperpéntica y delirante - en el estricto sentido de la palabra - a la vez mezcla de experiencias propias y ficticias, de cómo una persona puede llegar a ser un “maximus reguleris”. Como siempre este relato no tiene como objetivo sino el adoctrinar a todo aquel que tiene un pequeño regulero en su interior luchando por salir, es decir, todos Ustedes (¿Cómo se iba a explicar si no que pierdan el tiempo leyendo estas chorradas?).

Lo que cuenta esta entrada, con todo esto dicho, no sorprenderá a nadie. ¿O sí? Pues puede, porque la capacidad de sorpresa nunca debe ser despreciada. Todo el relato sintetizará perfectamente los sentimientos, pasiones y decadencia del regulero profesional, todo ello trufado con una de las pocas cosas que pueden ser aún más perniciosas que la bebida y las drogas (ya se sabe, se empieza con un porro y se acaba ganando el Tour): las mujeres. Pero no se asusten, que no dejaremos la bebida y las drogas de lado. ¿A que esto cada vez se pone mejor?

Además, tampoco nos aproximaremos al protagonista de nuestra fábula visto desde una perspectiva excesivamente fría, carente de “alma”, si me permiten que me ponga místico, más bien al contrario, como si fuéramos nosotros mismos. Esta es la historia de un encantador joven, culto, inteligente y guapo que, sin embargo, acaba arrastrando una vida de perversión, alguien que vivirá siempre al límite (o a tope, como nosotros).

Llegados a este punto, los lectores más avezados concluirán que lo leído arroja ciertos paralelismos y semejanzas con quien esto escribe (no por una muestra suprema de intuición sino porque yo mismo lo decía hace dos párrafos ¿o qué se han creído?). Sin embargo, sólo los más experimentados y perspicaces de entre ellos podrán sentenciar, e incluso pontificar llegado el caso, que todo lo que relatará este post es absolutamente autobiográfico (el destape continúa). Pero sigo:

Prueba clara de hasta qué punto cuando se es joven sobra tiempo por todos lados, nuestro héroe se encontraba fuertemente acuciado por las hormonas y la curiosidad por todas las cosas nuevas que el mundo disponía ante él (lo que podríamos denominar “cosillas de la edad”), lo que le permitió debilitar considerablemente sus convicciones católicas integristas, algo que sólo pudo conseguir gracias a la sólida formación intelectual proporcionada por un colegio de monjas. O de curas, lo mismo da; tampoco nos vamos a poner quisquillosos ni a excluir a nadie, aunque es bien sabido que lo de las monjas siempre ha tenido como un puntito más de sórdido.

El caso es que este intrépido a la par que inocente muchacho conoció a una chica y se enamoró, comenzando a salir con ella (la cual posteriormente pasó a ser su particular “bagaje emocional”, pero no adelantemos acontecimientos). Todo lo narrado ocurrió cuando, joven e influenciable, tenía 15 años, y estaba metido de lleno en esa terrible época adolescente en que uno no concibe que algo con contenido sexual pueda ser aburrido ni perjudicial. Los destrozos no están a la vista, que se sepa, pero deben existir, seguro. Ciertos impactos no son recomendables en esas edades.

La verdad es que el argumento es increíblemente manido: la chica era un putón verbenero y una manipuladora, nuestro protagonista un poco mamarracho y poco más que contar.
(Conversación hipotética con el lector con motivo de mi pasajera intención de acabar el post en este punto:
Lector: “¿Qué? ¿Va a acabar así? ¿Para eso me leo todo este infumable rollo? ¿Y el sexo, el alcohol y las drogas? Me lo había prometido. No es Usted más que un sucio mentiroso y un bastardo”
Autor: “Está bien, está bien. Ante su insistencia no me queda sino complacerle escarbando aún más en las miserias humanas del personaje. Y en cuanto al sexo, ¿acaso a Usted no le molestan unos vecinos practicando el coito en estéreo a las 3 de la madrugada (tanto por el ruido, como por estar follando en sí)?. ¿Para qué martirizarse constatando cómo la vida sexual de cualquiera es mejor que la suya?”)

En realidad la cosa duro alrededor de seis años con sus consabidos altibajos y acabó como sólo estas cosas pueden acabar: con el abandono de nuestro héroe. Hasta aquí todo normal, dirán Ustedes, ufanos, y no harán sino equivocarse una vez más. Sí que hay que hacer diferencias, como nos ha enseñado la teoría del caos las escalas pueden resultar determinantes. Y el hecho de que me vaya a morir de todas formas no significa que no me importe ser pateado en la entrepierna. Porque lo sangrante de toda esta historia no es que esta relación no acabara bien, esto suele ser lo habitual, sino que el protagonista no era consciente de todas las mentiras y manipulaciones de las que había sido objeto. Hasta que los amigos del personaje decidieron abrirle los ojos en una especie de intento delirante de explicarle, no que la realidad fuese gris, sino que lo blanco era negro, y viceversa. (Claro, que ya se lo podían haber dicho antes y ahorrarle algunas humillaciones, cabrones)

De esta forma, nuestro héroe, haciendo suyo aquello de todo tiempo futuro será mejor a fuerza de olvidar el pasado, se embarcó en una orgía autodestructiva de alcohol y otros vicios, siendo escoltado durante los siguientes años de su vida por otros reguleros de corazón con los que se fue encontrando en un intento de huir de su "bagaje emocional".

No amanece porque cante el gallo ni nuestro amigo es regulero por el mero hecho de comportarse como tal, algo que por conocido es ocioso repetir. Sin embargo nuestro amigo contestó a la adversidad como sólo un regulero de pro sabe hacerlo: resistiendo primero, y luego persiguiendo a sus enemigos y a sus fantasmas hasta la aniquilación más absoluta. Es decir, bebiendo impenitentemente primero para luego cometer diferentes bajezas morales que dan lugar a divertidísimas anécdotas (como algunas que habrán podido leer en esta página). ¿Observan el simbolismo? ¿Es para emocionarse o no?

Como ven, nuestro personaje resultó ser jodidamente regulero. Y yo pregunto: ¿Se puede ser otra cosa?

P.S.: Si han sobrevivido a esta explosión de poética desenfadada y de exuberancia léxica, dejen que comparta con ustedes mi opinión sobre el particular. Siendo consciente de que el final del post me ha quedado un poco flojo, quizás por las prisas o bien por que estaba ya un poco harto del ladrillo que les estaba soltando, espero que me ayuden a mejorarlo con sus comentarios. Confío en que Ustedes puedan arrojar un poco de luz a esa época tan oscura de mi vida.

PP.S.: En breve les deleitaré con una nueva entrega de batallitas de fin de semana con lo acontecido en todo este tiempo en el que no he dicho nada sobre este tema en concreto. Pero no se preocupen, que por mucho que tenga que contar no creo que vuelva a superar la longitud de esta entrada.

Wasted Years

Queridos amigos y lectores reguleros, se veía venir un descalabro posteador como el que hemos sufrido las últimas dos semanas tras la furia literaria que nos invadió al final del verano. Sin embargo tras la calma llega la tempestad y como preludio a la que se avecina por cortesía del infame Gabi dejo aquí un documento audiovisual que deberéis agregar a vuestros favoritos reguleros a continuación de La charanga del tío Honorio.
Con todos vosotros un tema del que sólo el título constituye ya una declaración de intenciones de asombrosa e involuntaria similitud con éste nuestro engendro, poneos esos cascos que usáis para que el jefe no se entere del gasto que hacéis a la empresa y disfrutadlo de principio a fin porque es una joya de incomparable belleza.

viernes, septiembre 14, 2007

Batallitas de fin de semana Vol. 5 o La ruptura del continuo espacio-tiempo

Sí, damas y caballeros, lo he vuelto a hacer, y no me refiero a que esté escribiendo ésto a estas horas y borracho, que también, sino al lamentabilísimo espéctaculo que ofrecí el sábado pasado. En determinadas ocasiones los planetas se alinean, y si a la conjunción astral se añade la luna llena, todo se explica o, al menos, en parte. Debido a este acontecimiento astronómico único se produjo una disrrupción espacio-temporal, es decir, que pasé de estar en un bar a las 4 de la mañana a estar en mi cama a la 1 y pico de la tarde. Pero por si todo ésto fuera poco, he de añadir que me levanté borracho y volví a dar una nueva función gratuita, esta vez a mi hermana y sus amigas. Ni que decir tiene que estas amigas concluyeron con celeridad que se encontraban ante un auténtico regulero. Pasadas unas horas y con ellas mi borrachera (lástima, porque ya la estaba cogiendo cariño después de tanto tiempo juntos) me miraban riendo y decían: "Qué gracioso estabas ayer cuando te levantaste". Y sí que lo estaba, puesto que mi tajada me empujó a responder sin ningún pudor sus indiscretas preguntas. Mi hermana flipaba, yo que en mi casa paso por ser un chico tirando a formal me convertí a sus ojos en el ser que vosotros conocéis.

Pero volviendo a lo que nos interesa. El otro día, una vez más, supe adelantarme a los acontecimientos, dejándome guiar de nuevo por mi desapasionada observación de la realidad, de tal manera que preví mucho antes del evento lo que iba a acontecer. Ante el llamamiento generalizado a un kinito dije que me parecía mala idea. Es más, mis palabras exactas fueron: "Un kinito no, que hoy yo no puedo, y sé lo que va a pasar". Dicho y hecho muchachada. Como viene siendo habitual nadie me hizo ni puto caso y, de nuevo, lo conseguí. La borrachera no permite calificativos, sino que se comenta por sí sola. Mejor dicho, me la comentaron los amigos al día siguiente por teléfono.

Todo esto me lleva a parir la siguiente teoría, teoría inseminada por una nueva paja mental que me he hecho. El nivel del cuadro se puede medir por el número de llamadas al día siguiente de gente que te pregunta: "¿Qué tal ayer?". Y tú, con cara de gilipollas (aunque por teléfono da igual), respondiendo: "No sé, joder ya. Cuéntamelo tú y acabamos antes." Pero no se acabó. Yo, que normalmente recibo entre 0 y 1 llamadas un domingo cualquiera, esta vez recibí hasta cinco de amigos carcajeándose abiertamente de mi desgracia y de amigas que lo hacían de forma más discreta, en plan de eres un borracho repugnante, te tengo por amigo por tener de todo. (Más discreta, sí, pero también más dolorosa, porque a cualquiera de mis amigos tampoco le habría importado demasiado estar en mi lugar aquel día. O eso me gusta pensar. Mientras que mis amigas preferirían perder un brazo antes de ponerse así en evidencia).

Y aunque mi desmedido gusto por el destape haría que os contase, en condiciones normales, más cosas, lo cierto es que no me acuerdo de nada y prefiero dejar a los finos y agudos comentaristas la tarea de narrar algunas de las anécdotas. Eso sí, cuidadito con lo que contáis que hay cosas que mejor deben permanecer en el más oscuro y profundo secreto como cuando me caí en el bar. Mierda, lo conté. En cualquier caso, todo lo que me parezca inconveniente lo censuraré.

P.D.: Seguro que habréis notado el bajón en la calidad literaria de este post. En mi defensa diré, aunque no la necesito, que escribo esto la cuarta de cuatro noches seguidas saliendo sin parar en un frenesí alcohólico cuyo horizonte final no alcanzo a discernir y que probablemente me lleve derechito a la clínica de rehabilitación Betty Ford.

jueves, septiembre 06, 2007

QUE RECUERDOS!

Hasta el mismísimo miembro de estudiar! pero bueno; en fin, haciendo un poco el bobo para variar, he encontrado esta joya, y tras descojonarme, me he acordado de unos chavalillos de corazón regulero, que pasaron las vacaciones sin padres ni familiares, tras la selectividad, con sus compadres. Claro que sí, los aludidos se estarán acordando de esas comidas y cenas suculentas, exquisitas, deliciosas y como no flatulentas, jajajaja! de nuestra queridisísima Bayona; y cómo no acordarse de aquel inexplicable..."no sé"...de P8, en plena comida,tras aquella pregunta comunitaria de todos conocida jejejeeje, en fin ahí va el vídeo, que sé a ciencia cierta que Bufón lo va a disfrutar. Viva el faduca serpenteante!



PD: otra joya, o por lo menos para el menda, es el siguiente vídeo que también os muestro, y que en numerosísimas ocasiones os he hablado de él. 2300 lb = 1035 kg.

lunes, septiembre 03, 2007

Por alusiones...

Rubén, me veo obligado a contestar a tu último post. No sería, ni será, la primera vez que me confundo. Aunque creo que el que te confundes en esta ocasión eres tú al pasar por alto el tufillo socarrón de nuestros comentarios, ya que la única petición seria que se te dirigía era que no escribieras en mayúsculas ni que lo hicieras como si de un vulgar SMS se tratara. Sin embargo, te empeñas en abandonar el “discretísimo plano” (Juan dixit) de los comentarios en el que habíamos enterrado nuestras críticas para pasar al primer plano de los posts. Y por ahí sí que no paso.

Hubiera quedado hasta elegante aceptar el golpe y hacer alguna broma. Jurando para tus adentros devolverla en cuanto tuvieras oportunidad, claro. Pero seguir dando vueltas al asunto como si de una vulgar “pollella” se tratara no dice mucho en tu favor. Sobre todo si tenemos en cuenta que combates en otro peso y te podemos partir la cara gratis, metafóricamente se supone. Ojo, que no digo yo que escriba perfectamente y también estoy sujeto a error. De hecho a nada que alguien medianamente entendido revisara mis textos podría sacarme los colores con gran facilidad. Sin embargo, en tu intento de dejarnos en evidencia, ya que es cierto, al menos en mi caso, que hemos pecado de pedantería y prepotencia (doctores tiene la Iglesia para ilustrarnos al respecto: comentario 6 de esta entrada) en más de una ocasión (y lo que te rondaré, morena), has escrito un texto aparentemente cuidado pero plagado de errores, aunque tal vez sean intencionados para acentuar tu desprecio a nuestros escritos. Los más sangrantes a mi juicio son los signos de puntuación y las tildes.

Si quieres continuar esta batalla dialéctica estaré encantado de debatir la forma en que escribimos nuestros posts (no me refiero a borrachos, que también, sino a la corrección sintáctica y gramatical), que no el fondo (he de reconocer que el hecho de que se me increpe en lo personal haciendo mención a mi chulería me pone hasta un poco cachondo y no me ofende en absoluto; si no no se explica que escriba esta entrada). Es más que posible que ese hipotético debate desembocase en un mutuo enriquecimiento personal.

P.D.: Burra, espero que digieras la broma y no te molestes, que simplemente escribo esto para echarme unas risas y no hablo en serio y sabes que el aprecio que te tengo trasciende al entendimiento y, porqué no decirlo también, que te quiero.

Batallitas de fin de semana Vol. 4 o El surrealismo mágico

He de reconocer que me encuentro razonablemente satisfecho del contrito ejercicio de autoflagelación que Juan, como buen perdedor, ha tenido a bien realizar. Sin embargo, el "clamor popular" me impele a ir siempre un paso más allá y darle al público, cual César, lo que me demanda: panem et circenses.

Pero no creáis que este post vaya a dar detalles escabrosos, porque como dice Casi: "golfo siempre he sido, pero golfo comedido". Así que no es, por ejemplo, porque me dé vergüenza que se me pueda hacer una determinada radiografía, por mucho que este reparo podría existir. Ahora mismo estoy leyendo el último libro de César Vidal, por aportar un dato humillante. Imaginen hasta dónde podríamos llegar si sigo con el destape. Pero no es lo determinante para no hacerlo. Tampoco es porque carezca de afán exhibicionista. Obvio es que lo tengo (el afán) al menos en cierta medida. De otra forma no se entienden mis devaneos por la web. Puestos a destaparme, ¿por qué no con una retahíla de inconvenientes intimidades? Pues porque no sería lo más adecuado. Por lo tanto, este post versará sobre la estulticia y derrota de Juan frente a un fino analista sociológico, yo.

Como ya sabéis, Juan y yo hicimos una apuesta en relación con el evento del viernes pasado. El perdedor tendría que escribir un post en esta bitácora flagelándose por su incompetencia sociológica al tiempo que loaba las muchas virtudes en la materia que adornan al triunfador. El sentido de la apuesta era: si pillaba alguno de los dos, ganaba yo; en caso contrario, ganaba Juan. Así que ni decir tiene que el ganador, y por varios cuerpos de ventaja, es quien esto escribe (y mi hígado aún se arrepiente de la victoria rendido cual ejército francés), aunque se pudiera pensar lo contrario dados los antecedentes en la materia con los que contamos.

En algunas ocasiones la inteligencia y la intuición forjan una alianza perfecta en la que ambas se conjugan para aportar al agraciado con ambas virtudes sustanciales réditos en todos los órdenes de su vida; eso es lo que ocurre conmigo, que con gran sensatez, sentido de la oportunidad y capacidad predictiva supe ver enseguida qué iba a ocurrir. En efecto, supe dejarme guiar, como siempre hago, únicamente por la observación desapasionada y consecuente de la realidad para a partir de ahí sacar mis conclusiones, y por ello concluir, sin asomo de duda para la cual, cuando se hacen las cosas bien, no ha lugar, que, contrariamente a lo que decían algunos agoreros irresponsables (entre los que, obviamente, Juan se incluye), se iba a producir la "inminente caída" de alguna chiquita.

Por el contrario, algunos, combinando la insensatez, el voluntarismo carente de todo sustento en la realidad y el oportunismo tertulístico, se lanzaron a la piscina de que la hostia iba a ser de órdago, no se sabe si producto del sueño atávico de un estado civil de permanente soltería o, sencillamente, de la pura y simple ignorancia. Porque, aunque el observador imparcial pudiera estar tentado, a la vista de los términos de la apuesta y de los defensores de una y otra alternativa, de decantarse por la hostia de impresión que propugnaba Juan, cabe decir que, más allá de mi delirante defensa de una imposible caída hasta los abismos y un ascenso al Olimpo homérico, resulta si cabe más humillante su derrota si tenemos en cuenta que, a diferencia de mi que se supone que me dedico, más o menos, a "trabajar en ello", él llegó a realizar un estudio exhaustivo de las probabilidades. Es decir, que en el pasado ha realizado intentos dedicados al análisis del comportamiento femenino en eventos de índole festiva partiendo de bases probabilísticas que han resultado un fiasco. Especificaba: "Tienes una de papeletas increíbles para perder, habida cuenta de que el 50% de los planes supone no pillar fijo (garayada) y el otro 50% (valoria) siendo generosos supone un 50% a su vez de no pillar fijo. Así que tengo un 75% de posibilidades de vencer" –concluía irresponsablemente- "cosa que no creo que ignorases antes de proponer la apuesta de lo que deduzco que estás ansioso por escribir ese documento."

Y ya ven para qué le ha servido, aparece un auténtico regulero bastante más sensato que él y le gana las apuestas por la mano (menos mal que no es ludópata). Así que Juan se descubra ante mí (ahora y cuando toque).